¡Oh Virgen Santísima!, dulce Señora de Fátima,
que te apareciste repetidas veces a los pastorcitos;
yo también quisiera verte, oír tu voz y decirte:
Madre mía, concédeme tu consuelo,
sujétame entre tus cálidas manos,
cobíjame bajo tu manto de misericordia,
socórreme y alíviame en mis problemas y amarguras.
sujétame entre tus cálidas manos,
cobíjame bajo tu manto de misericordia,
socórreme y alíviame en mis problemas y amarguras.
