Santísima Madre de
Dios y Madre nuestra,
desde vuestro
Santuario de Caacupé
cubrid con vuestro santo manto protector
a vuestros
devotos, a los que os aman,
a los más débiles, a los que sufren en soledad,
a los que padecen en su vida sentimental,
a los que están enfermos y con dolores,
a los que pasan por carencias laborales y económicas
y, en fin, a todos los que acuden a vos pidiendo auxilio.
