¡Virgen Santa!
Durante toda mi vida habéis sido mi tierna
Madre;
Vos me habéis obtenido gracias sin número
en todos los peligros y en todas mis penas,
y Vos no me abandonaréis
en la hora terrible
de mi muerte.
Mas hoy os pido una gracia especial,
como bondadosa consoladora de los afligidos,
y es la de que tengáis piedad de las almas
a las que sus culpas
a las que sus culpas
retienen cautivas en el fuego del Purgatorio.