Tu Hijo divino te encargó
que fueras también Madre de todos los hombres.
Desde entonces, con admirable fidelidad,
has estado presente en la vida de todos
y de cada uno de sus hijos;
como ejemplar de todas las virtudes,
personales y comunitarias;
como medianera nuestra ante Dios,
y como Madre de la vida divina
que Cristo nos comunica.
que Cristo nos comunica.
