¡Oh amabilísima Virgen de Lourdes,
Madre de Dios y Madre nuestra!
Llenos de aflicción
y con lágrimas fluyendo de los ojos,
acudimos en las horas amargas de la enfermedad
a vuestro maternal corazón,
para pediros que derraméis a manos llenas
el tesoro de vuestras misericordias sobre nosotros.

